Conflictividad de La Onor

Capítulo XI

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La vida social en los seis Concejos de la Onor, desde la Edad Media hasta las Cortes de Cádiz, va a ser un fiel reflejo del aislamiento geográfico de esta cambiante orografía de sube y baja en el que, por tierra y mar, estaba inmerso tan paradisíaco enclave alejado de los centros de decisión con la tirantez y enfrentamiento en el que se encontraban sumidos la villas vecinas disputándose el liderazgo zonal de un nuevo mapa comarcal dibujado al albur de las primeras pinceladas de La Reconquista.

Si, por un lado, el feudo de Los Mendoza - Señores de horca y cuchillo - firmemente asentados en el poniente de la Onor y, por la fuerza de las armas, dueños de la Ría de San Martín de la Arena, conscientes de la riqueza del cauce, imponen por su cuenta ‘Personeros de lo Cumún’ (27) e incluso, al margen del Arzobispado burgalés, hasta iglesias con sus párrocos, en los poblados levantados a las orillas del canal acuático.

Cinco son las leguas caminantes que, por otro lado, distancian estas pindias (28) y boscosas aldeas ancladas frente al tenebroso Cantábrico de la Villa del Mar de Castilla, Santander, bajo la hégira de la poderosa nobleza dominante en todo el este costero, los Velasco y, rivalizando con los dueños del otro punto cardinal, la alta alcurnia de los Mendoza.

La convivencia era buena en estas seis dispersas y diminutas aldeas de apenas 50 vecinos en cada Concejo (los más poblados porque, Gornazo, por ejemplo, en el siglo XVII, sólo contaba con 15 cabezas de familia) en comparación a otras poblaciones litorales norteñas, en las cuales frecuentemente la sangre corría por doquier y, considerando testimonial la alteración del orden público, pocas veces se hace evidente la violencia vecinal en un paisaje rural con algunas casas parcialmente caídas, deshabitadas y próximas a la Costa Quebrada frente a los abruptos acantilados testigos fieles donde, al desatarse la furia del mar rompiendo contra el roquedal, se escuchaba, como si fuera la misma voz de Satanás en persona, la embestida de la ola al estrellarse ante el acantilado saltando por los aires rota en mil pedazos y, tras el latigazo contra la piedra, ¡Boom!, se oía, demorando la secuencia del impacto arrastrado por el viento, el estruendoso eco de la rompiente hasta los confines del sur munícipe de Cudón, Gornazo y Bárcena de Cudón.

El bienestar de este armónico paisanaje va a estar justificado, en gran medida directa e indirectamente, por el heterogéneo modelo productivo surgido de las riquezas marinas del Pas y Besaya que circundan este término de paso entre la abadía santanderina de los Santos Mártires y la Colegiata de Santa Juliana, en Santillana del Mar, junto con una agricultura de subsistencia que, en el ensayo de una ganadería adaptada a las peculiaridades orográficas, va a ir transformando y reverdeciendo el embosquecido paisaje, desde finales del siglo XVIII, con pastos para alimentar el ganado de leche paciendo, durante el día, en las praderas y pernoctando, durante la noche, en las ampliadas cuadras, cobijo vacuno debajo del refugio familiar y, en los crudos y prolongados inviernos, eficaz calefactor natural...........................

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